Versos de la chica con ojos de ayer

Nunca juegues con los muertos

El hijo de Silvia había muerto. Yo le pregunté por qué y ella me dijo que Tomás andaba en cosas raras y oscuras. Me contó que cuando dormía hablaba en lenguas raras, gritaba y su voz ya no era la suya. Tomás había jugado al juego de la copa. Estuvo 18 días internado en terapia intensiva. Las causas de su muerte eran desconocidas, o al menos eso era lo que decía la autopsia. Pero sus familiares afirmaban que había muerto de miedo. Siempre que me acuerdo de ese llamado en el que me decían que mi mejor amigo había fallecido a los 17 años, escucho gritos y alaridos. Sus gritos y alaridos. Por eso, nunca juegues con los muertos.

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