Esto no es un poema.

La poesía es para los tristes, dicen, por eso siempre te escribí en prosa.

Te mostré cada parte de mi cuerpo, de mis ideas y de mis recuerdos. Te conté quién era antes de ti, me viste cómo soy cuando estoy contigo e incluso me conoces aun cuando estoy lejos.

Sentiste sin tocarme, lloraste sin verme y me amaste sin tenerme.

Te amé sin sentirte, sin sentido.

Nos cuidamos del daño externo, sin darnos cuenta del daño que crecía entre nosotros.

¿Me cuidabas de ti también?

Pero te quiero, lo hago.

Me imagino lo que quiero ser cuando sea grande, y me pregunto si en verdad alguien más va a entender mis ideas de lo absurdo.

Tú lo haces, sin pensarlo y, a veces, sin saberlo. ¿Tú qué quieres ser de grande?

Te creo cuando me dices que me amas, porque te has quedado y quedarse es difícil cuando no sientes nada. Entonces de que sientes algo, eso es seguro.

He llorado sin ti, me he sentido sola y me ha dolido. Pero tú también lo has hecho, es parte de la vida.

Nadie puede quitar la sensación de vacío, pero tú la hacías menos pesada.

No estoy intentando hacer un poema sobre nosotros.

No estoy buscando plasmar lo que sentimos en un trozo de algo.

No quiero sentirnos en el pasado porque aquí seguimos, medio rotos, pero vivos.

Simplemente me gusta escribir de ti, de mí. Por separado, juntos o intermitentes.

A mí no me sale la poesía, tampoco me gusta.

Esto no es un poema.

No es una carta.

No es cuento.

Esto es algo de lo que somos nosotros. Sea lo que sea.

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